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¿QUÉ ES LA
PSICOLOGÍA FORENSE?
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Forense
proviene de la palabra foro: Lugar donde se reunían los ciudadanos para
discutir sus problemas comunes, sus derechos. Muchas veces se contrataban
oradores, para defender sus derechos. En la actualidad, el término forense
designa, por reducción, a las disciplinas de las que se nutre la Justicia para
su funcionamiento, incluidas autopsias, morgue, etc.
La
psicología forense es entonces la intersección entre dos ciencias: la
psicología y el derecho. Que si bien tratan el mismo objeto de estudio (la persona);
sus enfoques y sus métodos son diferentes; ergo sus conclusiones también. Al
describir a continuación estas diferencias, no sólo se alude al concepto de
opuesto, sino también al concepto de complementario. La dialéctica entre lo
opuesto y lo complementario dará conclusión necesaria para una praxis.
La
psicología no puede juzgar, demandar o defender y el derecho no puede dar
explicaciones a las motivaciones de la conducta. La psicología estudia la
conducta iluminada por sus vivencias; el derecho tipifica una conducta estimada
socialmente como delito. En psicología cuanto más inconsciente es la conducta,
“más patológica será”, en derecho cuanto más inconsciente es la conducta, “más
inimputable será”.
Respecto al concepto de enfermedad previa: en psicología se explica la patología como “series complementarias”, la combinación de factores previos con un factor desencadenante; en derecho lo necesario es saber cuánto de esa patología (Ej.: estrés postraumático), fue “previo al hecho ventilado en autos y/o cuanto posterior”. Para la psicología daño moral y daño psicológico son conceptos similares; para el derecho no. Para el derecho es importante debatir si la función de una multa es compensar en alguna manera a la víctima o castigar el delito, mientras que en psicología éste es un tema menor.
Respecto al concepto de enfermedad previa: en psicología se explica la patología como “series complementarias”, la combinación de factores previos con un factor desencadenante; en derecho lo necesario es saber cuánto de esa patología (Ej.: estrés postraumático), fue “previo al hecho ventilado en autos y/o cuanto posterior”. Para la psicología daño moral y daño psicológico son conceptos similares; para el derecho no. Para el derecho es importante debatir si la función de una multa es compensar en alguna manera a la víctima o castigar el delito, mientras que en psicología éste es un tema menor.
Cita: Jorge Horacio Ballester
Lic. en psicología - Perito Forense
Centro de Psicología Clínica, Laboral y Forense.
Lic. en psicología - Perito Forense
Centro de Psicología Clínica, Laboral y Forense.
Una de las técnicas más importantes y utilizadas en la comprensión de
los comportamientos criminales es la del peritazgo psicológico. En el cual el
psicólogo despliega todos sus conocimientos en el ámbito legal y psicológico.
Entre estos peritajes se encuentra la denominada Autopsia Psicológica.
Este procedimiento es considerado como un proceso de recolección de
datos del occiso que permite reconstruir su perfil psicológico y el estado
mental antes del deceso. Para el desarrollo de dicho procedimiento, es
necesario el trabajo interdisiciplinario entre médicos, abogados psiquiatras y
psicólogos forenses. (Acevedo, Nuñez y Pinzón, 1999).
La Autopsia Psicológica como técnica pericial surge en los EE.UU. como
una necesidad administrativa de definir la etiología médico legal en los casos
de muertes dudosas donde no se contaba con los elementos suficientes para
afirmar si se trataba de un suicidio o un accidente. Sin embargo, a pesar que
esta técnica es bastante conocida y utilizada en EE.UU. no se ha establecido un
procedimiento estandarizado para llevarlo a cabo.
Diversos autores Litman, Curphey, Shneidman, Farberow y Tabachnick,
1952; Shneidman, 1960-1964 (Citados por Shneidman, 1994b) plantean que para la
realización del PAP se debe tener en cuenta varias categorías entres las cuales
menciona: el estilo de vida del occiso, historia de vida, problemas económicos
o sociales, relaciones interpersonales, rasgos de la personalidad, intentos
anteriores de suicidio, posibles enemigos, entre otros.
Según Ebert (1991), los principales objetivos de la Autopsia Psicológica
se dividen en cuatro:
1. Primer Objetivo:
Determinar la manera de la muerte en casos de equívocos que necesitan
ser distinguidos. Las maneras de muerte son: a) natural, b) accidental, c)
suicidio y d) homicidio; este tipo de sistema es conocido por la sigla NASH.
Generalmente, en algunos casos, la manera de muerte es bastante clara, lo que
no ocurre con el modo como sucedieron los hechos.
2. Segundo Objetivo:
Averiguar el momento y el tiempo en el cual se produjo la muerte; para
esto, el investigador debe indagar acerca de diferentes situaciones de la vida
del occiso y tratar de relacionarlas con el hecho.
3. Tercer Objetivo:
Obtener la información suficiente para evaluar los datos obtenidos de
diversos intentos de suicidio, con el fin de prevenir dichos intentos y la
letalidad de los mismos.
4. Cuarto Objetivo:
Según el mismo autor, es terapéutico para la familia y los amigos del
occiso. La entrevista y la investigación en general son mecanismos terapéuticos
para estas personas, ya que permite comunicar pensamientos y sentimientos sobre
la persona fallecida, de igual forma, la percepción que cada uno tiene sobre la
muerte de aquella persona cercana, que por lo general es de culpa, dolor,
vergüenza, resentimiento, entre otras.
De igual manera, la Autopsia Psicológica tiene como función ayudar a
esclarecer los caso de muerte dudosa: suicidio, homicidio y accidente, donde ni
el médico legista, ni el investigador policial tienen suficientes elementos
para decidir, lo anterior se puede determinar:
1. Valorando los
factores de riesgo suicida, de riesgo heteroagresivo o de riesgo de
accidentalidad.
2. Valorando el
estilo de vida del occiso.
3. Evaluando el
estado mental en el momento de la muerte.
4. Estableciendo las
áreas de conflicto y motivacionales.
5. Diseñando el
perfil de personalidad del occiso.
6. Esclareciendo si
existían señales de aviso presuicida.
7. Esclareciendo si
existía un estado presuicida.
Ante un comportamiento o hecho que eventualmente no tienen una
explicación clara, pero que podría llegar a tenerla si se estudian
minuciosamente lo hechos antecedentes y consecuentes a lo sucedido, se podría
inferir comportamientos o acciones llevadas a cabo bajo condiciones únicas y
especiales que llevaron a la consecución de los hechos, por lo cual la
psicología y la psiquiatría tienen mucho que aportar.
Shneidman, padre de la técnica, 1973-1977 (Citado por Ebert, 1991)
propone tres categorías para estudiar los casos de muerte dudosa: a) el qué, b)
el cómo y c) el porqué, en relación con la persona que cometió el suicidio; la
causa actual de muerte con especial énfasis en el tiempo y la determinación de
la forma en que ocurrió.
Como parte de la investigación criminal la Autopsia Psicológica también
logra establecer el círculo de sospechosos en los homicidios de autor
desconocido, al caracterizar a la víctima con sus conflictos, motivacionales y
estilos de vida, se le ofrece a los investigadores policiales elementos de
probabilidad en cuanto a posibles autores, quienes tendrían interés en
vincularse a este tipo de personas.
Aunque la aplicación de la Autopsia Psicológica se hace de acuerdo a la
legislación de cada país, cada equipo de trabajo decide la forma de proceder en
la etapa de la recolección de datos. Shneidman, 1981 (citado por Thomas Young,
1992) argumenta que, cuando va a iniciar una investigación, nunca tiene un
modelo sistemático de cómo la va a realizar. Es por este tipo de aseveraciones
que muchos investigadores se sienten muy incrédulos frente a la validez y confiabilidad
del procedimiento.
Por esta razón, Annon (1995) y Young (1992), plantean que uno de los
serios problemas a los que se ve enfrentado el Protocolo de Autopsia
Psicológica (PAP) es la falta de estandarización, pues cada persona o equipo
que lo aplica tiene un estilo diferente y particular de realizarlo, lo cual
afecta, según estos autores, notablemente los índices de validez del
procedimiento. Es decir, no existe un modelo estructurado y sistematizado que
disminuya el margen de sesgo.
Sin embargo, el número de autores que han escrito sobre el PAP es
proporcional al número de modelos propuestos para realizar una investigación.
En algunos caso se le da prioridad a unos aspectos y en otros se omiten.
Young, propone 15 categorías que se deben incluir al llevar a cabo dicha
investigación:
1. Identificar la
información personal del occiso (nombre, apellidos, edad, sexo, ocupación,
religión, estado civil, etc.).
2. Detalles de la
muerte.
3. Historia de la
familia (hermanos, esposa, enfermedades médicas y tratamientos, intentos de
suicidio, etc.).
4. Historia de
muertes familiares.
5. Modelos familiares
de reacción frente al estrés.
6. Tensiones
recientes o problemas del pasado.
7. Historia de
alcohol y drogas en la dinámica familiar.
8. Relaciones interpersonales.
9. Fantasías, sueños,
presentimientos y pensamientos frente a la muerte, suicidio o accidentes que
precedieron la muerte.
10. Cambios en los
hábitos, aficiones, alimentación, patrones sexuales y otras rutinas ante de la
muerte.
11. Información que
relate los planes de vida.
12. Evaluación de
intención.
13. Tasa de letalidad
14. Reacción de las
personas que recibieron la noticia de la muerte.
15. Comentarios y
anotaciones especiales.
Para realizar un procedimiento más elaborado y completo, es importante
que el investigador visite y estudie el lugar donde se encontró el cuerpo, ya
que esto le puede permitir obtener más pistas que ayuden a avanzar en el
proceso. El psicólogo como investigador tiene la posibilidad de diseñar un
perfil de la escena del crimen, además de hacer un bosquejo de la personalidad
del sujeto que habitaba en el lugar, a partir de detalles tales como: los
objetos hallados, la disposición de los muebles, etc.
Jack Annon (1995) propone otro de los modelos para llevar acabo un
proceso de AP, en el cual se plantean como pasos a seguir los siguientes:
-Examen cuidadoso de
la escena donde sucedieron los hechos, examen de fotos y grabaciones en video
de la escena.
-Estudio de los
documentos disponibles, concernientes a la situación donde sucedieron los
hechos, en el cual se incluye el reporte policial, declaración de testigos,
reporte de la autopsia médica y de toxicología.
-Documentos que
informen sobre la vida de la víctima antes de la muerte, como notas del
colegio, notas de visitas previas al médico, notas sobre la salud mental,
información laboral, etc.
-Entrevista con
personas relevantes como testigos de la escena de los hechos, miembros de la
familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.
Este autor (1995), afirma que algunos científicos del comportamiento
plantean que se deben dedicar de 20 a 30 horas de investigación para formular
una opinión preliminar sobre el estado particular de la mente de un individuo
antes de su muerte. Sin embargo, el tiempo que se emplea está determinado por
la facilidad para recolectar la información y las personas que se deben
entrevistar.
Autores como Ramirez,1999 (citada por Nuñez, et al., 1999) y
Annon (1995) afirman que el tiempo optimo para realizar la entrevista, es entre
1 y 6 meses después de haber ocurrido el deceso, ya que durante estos meses aún
se conserva la nitidez del recuerdo y la información obtenida es confiable. de
lo contrario las reacciones de duelo pueden, o bien, interferir en la
objetividad del recuerdo existiendo la tendencia a idealizar al fallecido o
afectar la claridad del recuerdo.
De acuerdo a lo anterior Ramirez,1999 (citada por Nuñez, et al.,
1999) considera que los entrevistadores deben recibir un entrenamiento
preliminar en el manejo del instrumento y en el estilo de comunicación que se
debe utilizar dependiendo del modo de muerte de la víctima. El entrevistador
debe permitir que la información fluya libremente, es decir, debe dejar hablar
al informante sin interrumpirlo y sólo al final, si es necesario, puntualizar
en algún detalle o hacer algunas preguntas directas.
En relación con las fuentes de información se debe seleccionar, por lo
menos, dos fuentes con el objetivo de cruzar los datos ofrecidos en busca de
confiabilidad. Se deben seleccionar parientes de primera línea, convivientes,
allegados o médicos de asistencia. Las condiciones para realizar la entrevista
deben ser estrictas; cada fuente deber ser entrevistada de forma individual y
en privado, evitando que la opinión de una influya en la otra, lo cual
afectaría a la confiabilidad de la información. El tiempo promedio de la
entrevista debe ser de dos horas, aunque en ocasiones es necesario extenderse
un poco más.
La misma autora también plantea que debe tenerse en cuenta la revisión
de documentación adicional y disponible tales como: historias clínicas,
expedientes medico-legales, expedientes judiciales, así como, cartas, diarios,
notas, poemas, etc.
La Autopsia Psicológica es una técnica difícil con la cual cuentan sólo
algunos países desarrollados; en dicha técnica el estudio de las muertes
equívocas exige un alto nivel científico, por tal motivo, tenerlas a nuestra
disposición posibilita un avance importante en el aumento de la calidad científico-técnica
y la profesionalidad de la investigación criminal. (García, 1993).
Uno de los países de habla hispana con mayor trayectoria en el tema de
Autopsia Psicológica es Cuba. A partir de múltiples revisiones de los modelos,
escalas, guías y formularios encontrados en la literatura especializada han
creado su propio modelo al cual inicialmente denominaron MAP (Modelo de
Autopsia Psicológica); a medida que incorporaron otros ítems durante la
validación, de dicho modelo, en víctimas de suicidio, homicidio y accidente, lo
han perfeccionado hasta llegar al que actualmente utilizan, el MAPI (Modelo de
Autopsia Psicológica Integrado).
Según García Pérez (1999), el MAPI a diferencia de todos los modelos
revisados está completamente estructurado y sistematizado, de forma tal que se
disminuye al mínimo el margen de sesgo, debido a que todos los peritos o
auxiliares de la justicia que aplican dicho protocolo deben realizarlo de la
misma manera, guiándose por un instructivo con posibilidad de respuesta cerrada,
precisamente para evitar la inclusión de elementos subjetivos en la valoración
de cada caso y, además, para hacerlo verificable por terceras personas.
La metodología científica utilizada para validación del MAPI, fue
desarrollada por el Ministerio de Salud Pública y el Instituto de Medicina
Legal de Cuba a través de tres investigaciones realizadas durante el período de
1990 a 1996 en víctimas de suicidio, homicidio y accidente, las cuales
demostraron que recurrir a terceras personas para obtener información de
fallecido resulta confiable, que el método es viable y el instrumento MAPI es
aplicable y generalizable. (García, 1999).
La aplicación del MAPI, actualmente, se extiende fuera de Cuba, desde
finales de 1994 y se emplea con éxito en la solución de casos civiles y penales
por parte de la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría General de
Justicia del Estado de Querétaro, en los Estados Unidos Mexicanos, desde 1997
se utiliza por los servicios médicos-legales de Chile para el estudio de suicidios.
La dirección de Medicina Forense de Honduras introdujo la técnica en 1998 para
casos civiles y penales, en especial para la solución de muertes dudosa,
equívoca o por investigar, con la peculiaridad de la incorporación de
licenciados en Trabajo Social en calidad de peritos. A partir de 1999 este
método fue incluido dentro de las técnicas disponibles para la investigación de
homicidios en Costa Rica, por parte del ministerio Público.
En Colombia el empleo de la Autopsia Psicológica como técnica en el área
de la Psicología Forense se ha visto muy limitada por varias razones; por
ejemplo, la falta de especialización a nivel teórico y metodológico del
psicólogo en esta área, así como también la falta de instrumentos validados en
el contexto colombiano que permitan esclarecer de manera confiable los casos de
muerte dudosa. En países como España y EE.UU. hablar de Autopsia Psicológica no
es algo novedoso. Sin embargo, en Colombia existen pocos escritos que definan y
expliquen el procedimiento denominado Autopsia Psicológica.
Para proporcionar ésta prueba judicial, las ciencias forenses como la
psiquiatría y la psicología enfrentan a menudo tareas muy difíciles tales como
determinar el estado mental de un acusado en el momento de los hechos, peor
aun, cuando ha transcurrido algún tiempo desde el momento de su ocurrencia. En
ocasiones, la labor del psiquiatra o psicólogo se vuelve más compleja cuando se
trata de determinar el estado mental de una persona ya fallecida en el momento
de su muerte.
No obstante, la vida psíquica del ser humano deja huella de una u otra
forma: en documentos, obras de arte, espacios habitados a lo largo de su
existencia, en la forma como se relacionaban con las otras personas, etc.
El aspecto principal de la Autopsia Psicológica es el proceso en sí
mismo y el modo como se llevan a cabo las cosas (García, 1999). Dicho proceso
parte desde el mismo lugar de los hechos, en el cual no sólo se pueden levantar
huellas objetivizables por los peritos en criminalística, también se pueden
levantar las huellas psicológicas que quedan impresas en los lugares en que
estuvo la víctima y en las personas que interactuaron con ella. La función del
psicólogo o del psiquiatra que realiza el peritazgo es decodificar e
interpretar las señales que emite la escena del crimen.
Dentro del contexto de la investigación criminal el proceso de la
Autopsia Psicológica comienza desde el examen de la propia escena de la muerte
y no debe ser realizado por un solo perito. Por el contrario, se requiere de un
trabajo en equipo con los criminalistas, médicos legistas e investigadores
policiales, sólo a sí se lograra una caracterización profunda y científicamente
fundamentada de la víctima. García (1993).
Retomando la teoría de la "complejidad" planteada por Morin
(1995); es imposible estudiar al hombre desde una sola perspectiva, por tal
motivo, para implementar el procedimiento de la autopsia psicológica es
necesario un grupo interdisciplinario de expertos que aporten sus conocimientos
para conseguir un mejor análisis de las condiciones, relaciones,
comportamientos y situaciones de un ser humano muerto en condiciones dudosas.
El estudiar al hombre desde una sola dimensión sería un error, ya que nadie
puede negar la diversidad de instancias por las que se encuentra atravesando la
vida de un ser humano.
En el campo de la Psicología Forense, específicamente en el
procedimiento de la Autopsia Psicológica (AP), el poder contar con la ayuda del
cuerpo legal (abogados, fiscales, jueces, policías, grafólogos, etc.) es de
suma importancia para la investigación, ya que permite la recolección de la
información de acuerdo con (Nuñez, et al., 1999) "la puerta de
acceso al ámbito judicial; entenderlo y tener la posibilidad de dialogar y
confrontar sobre diversos aspectos, como los comportamientos humanos...".
Estar al lado de los investigadores policiales permite acceder a elementos
judiciales tales como notas, diarios, cartas, que posiblemente para ellos no
tiene mucho valor, pero para el psicólogo son fundamentales, ya que caracterizan
al occiso y tal vez entre líneas se pueda develar "la clave del enigma de
su muerte", (García, ibid). Todos esto aspectos son fundamentales
si se quiere lograr una intervención eficaz en el procedimiento de Autopsia
Psicológica.
Un segundo paso es la entrevista a personas que conocieron de cerca al
occiso, preferiblemente familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio,
trabajo o religión, relaciones de pareja formales u ocasionales. Es importante
aclarar que la selección de las fuentes de información debe excluir a presuntos
sospechosos de estar involucrados en la muerte de la víctima, pues obviamente
el riesgo de sesgo es muy elevado.
García (2000) plantea que una vez recogidos todos los elementos
necesarios para conformar una caracterización del occiso se realiza una
discusión colectiva en la cual participan los peritos y los investigadores
policiales y se ofrece un informe pericial en términos probabilísticos, pues se
trata de una evaluación indirecta y de conclusiones inferenciales que cobran
valor solo al sumarse el resto de los elementos criminalísticos, policiólogos y
médicolegales.
Fuente: Dávila, A. Y Rodríguez, C. (1995). Evaluación Psicológica Forense.
Madrid: Pirámide.
Publicado por: Antonieta Castellanos Zamudio
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